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Terra
La Coctelera

capitulo 2

Llueve otra vez y Dickinson entra en la tienda. El dueño está atendiendo a numerosos clientes y se entretiene mirando la cantidad de animales que, muy ordenados por especies, se ofrecen. El dueño ya lo ha visto, le sonríe amablemente, se le acerca... " en diez minutos estoy con usted".

Tortugas, conejos,erizos terrestres, sapos marinos, chinchillas, perros, gatos, peces,cobayas y hamsters, sobretodo muchos hamsters. Una abuela sale de la tienda con un conejo blanco, unas niñas con dos tortugas, una mujer con un loro, una familia entera con un setter irlandés bebé. Es sábado y las familias aprovechan para comprar animales, la tienda ya se está quedando vacía y Dickinson se seca el sudor con su pañuelo de armani, hoy lleva dos pañuelos.

Su turno llega, ya sólo falta que un niño de unos trece años se decida por un hamster. Las explicaciones del dueño, que atiende a los clientes dedicándoles todo el tiempo del mundo con un sinfín de explicaciones, enloquecen a Dickinson. Hace ya quince minutos que está en la tienda de animalitos. El dueño sigue contándole al niño que los hamsters chinos son más pequeños que el hamster común y que las crías a las cuatro semanas de nacer ya son sexualmente maduras. Dickinson presta atención. El dueño sigue con lo suyo, contándole al niño que el hamster chino tiene unas seis camadas al año ya que procede de Mongolia y está acostumbrado a una pausa invernal en su ciclo reproductivo. "Hace mucho frío en China y Mongolia" le dice. También le previene que alos cinco meses las hembras se vuelven verdaderamente agresivas respecto a los machos mutilándoles las colas y los órganos genitales. Dickinson se estremece al oir ésto.

Finalmente el niño de trece años se decide por el hamster chino y compra, también, una jaula con comederos de porcelana y todo tipo de juegos y norias para su nueva mascota, así como un saquito de pienso seco compuesto elaborado especialmente para este tipo de hamster. Paga y se va.

Dickinson y el dueño se acercan al mostrador. El financiero le entrega el papel que hace un rató le dió Sir Leonard. Comprueba la veracidad del mismo introduciendo una clave en su ordenador. Afortunadamente todo está bien y le entrega a Dickinson otro papel con las dos contraseñas. También le hace rellenar una ficha con domicilio de entrega y le da una invitación personal; el dinero, en efectivo, lo depositará en el buzón que verá en la sala. Le indica una puerta y Dickinson, sin perder más tiempo, va hacia ella.

La gran fusión. Capitulo 3.

(como que nadie me lee escribo antes el tres que el dos, y si alguien me lee que sepa que el dos será el próximo en el que se relata cómo unas cuantas abuelitas con sus nietos y nietas compran animalitos para sus casas: conejos, hamsters, tortugas, periitos, gatitos....).

Dickinson se seca el sudor con su pañuelo de armani antes de marcar la contraseña de la primera puerta blindada. Marca, se abre la puerta acorazada, la cruza e inmediatamente se cierra la puerta. Ahora está en un pasillo de unos veinte metros y al fondo otra puerta igual con diferente contraseña. Dickinson piensa que ya quisiera para la cámara acorazada de su banco puertas así. Anda el pasillo lentamente, sabe que ha llegado el momento y lo saborea, se seca el sudor nuevamente con el pañuelo de armani, siempre que está nervioso suda. En el banco nunca nadie ha visto el pañuelo de armani porque dirige sus asuntos holgadamente y con soltura, sin despeinarse vamos. Pero este asunto es diferente, este asunto ocupa su cabeza desde hace dos meses. Los dos largos meses que ha durado la negociación de la gran fusión de la que ya hablan todos los periódicos del mundo. Dickinson y Sir Leonard Foster son los hombres del momento, la envidia de todos los otros bancos que, tras la fusión, han empequeñecido. Dos largos meses porque Dickinson sabía que sólo podría acceder a la sala a la que va a entrar sí la fusión se producía. Era una promesa de Sir Leonard, y realmente esta promesa aceleró las negociaciones, tal era el interés de Dickinson. A la sala sólo se entra por invitación personal y los afortunados que entran sólo pueden invitar a una persona, así que lo más normal es que nunca te llegue la invitación. Pero Dickinson ya sólo tenía que introducir la segunda contraseña. Años de espera, dos meses acelerando las negociaciones y la sala sería sólo para él el rato que quisisese, y sabía que en la sala nadie ha entrado dos veces. Si no encontraba su animalito aquí jamás lo encontraría y eso lo sabía muy bien Dickinson que se seca el sudor antes de marcar la contraseña. La marca, se abre la puerta, la cruza y se cierra inmediatamente. Dickinson ya está dentro.

La gran fusión. capitulo 1.

Llueve en Londres, dentro de tres día se producirá una fusión bancaria que cambiará para siempre el panorama financiero internacional. Los dos artífices de la operación circulan por la ciudad en dos cochazos negros, ambos con chófer. Están ultimando los detalles de la fusión a través de una conversación por teléfono móvil. Sin embargo han quedado en una calle tranquila porque han de verse treinta segundos, sólo treinta segundos.

El coche de David Dickinson llega primero, aparca y espera. Al cabo de cinco minutos aparece Sir Leonard Foster, aparca detrás. Los dos hombres bajan del coche y se refugían en la entrada de una cafetería, David Dickinson recibe un papelito, lo mira y se lo guarda en el bolsillo. Cada uno sube a su coche, sin perder tiempo.

David Dickinson lee el papel con atención, se pone nervioso y se seca el sudor con su pañuelo de Armani; le indica a su chófer que vaya a una calle del extrarradio londinense, tardarán treinta minutos en llegar. Hay un tráfico denso y David Dickinson se relaja llamando desde su móvil a todo dios. LLama a su mujer, al club de golf, al banco, a su peluquero y al teléfono que está apuntado en el papelito que acaba de recibir para avisar que en treinta minutos estárá allí.

Sir Leonard Foster está en su despacho leyendo la prensa económica del dia, en un despacho de trescientos metros cuadrados en la quinceava planta de un edificio en el corazón de la City, centro neurálgico de las finanzas en Londres. Sabe que hoy es un gran dia para su banco. No puede evitar pensar en Dickinson, que ya estará llegando.

Efectivamente, Dickinson ya está llegando. Su chófer aparca el coche delante de una tienda de animales. Dickinson, aprovechando que ha parado de llover, espera fuera. La tienda está llena.

La puta de mi madre o la espalda del tigre.

Esta tarde no irè al cole. Será la primera vez que haga "campana". Quiero saber qué se siente; las vacaciones de verano están muy cerca y casi no hacemos nada, perdemos el tiempo. Para eso ya lo perderé yo sola dando vueltas o haciendo algo, ya veremos.

Es la tarde y ya estoy por la calle, esa sensación de saltarme una norma no me gusta. Me voy a casa, a mi habitación. Allí estaré tranquila, no quiero ni pensar qué pasaría si me viese mi papá o mi mamá; se enfadarían mucho, seguro.

Ya estoy en casa. Me siento mucho mejor. Me doy una vuelta por el salón, salgo a la terraza y me tomo un zumito de pera en la cocina. Nunca había estado un martes por la tarde a horas de cole en casa. No sé qué hacer, así que me meto en mi habitación. No voy a chatear, todas mis amigas están el en colegio. Me tumbo en la cama y abrazo y a mi oso de peluche favorito, se llama Nolás.

Oigo ruidos en la habitación de mis padres. Me acerco a la puerta y oigo los ruidos más claros. Yo creía que estaban trabajando. No quiero que me vean, no sé que hacer. No me atrevo a salir de casa, si me encuentro con algún vecino ya la abré pifiado. Creo que lo mejor es que me esconda en el lavadero, ellos nunca van al lavadero. Total dentro de una hora ya podré salir y como si nada.

Estoy en el lavadero y a través de la ventana medio abierta de cristales gravent veo que no he guardado el zumo de pera, desde aquí veo media cocina y pienso que he de guardar el zumo. Voy a ir pero oigo más ruidos. Vienen a la cocina. Estoy muy nerviosa. Entra mi padre, está de espaldas a mí, sólo cubierto por una pequeña toalla blanca, con su espalda de tigre. Abre la nevera y saca la leche. Se gira y le veo la cara... No es mi padre!. Me pongo más nerviosa, tiemblo y tiemblo.

Este hombre que no es mi padre sigue en la cocina, está preparando tostadas con mantequilla y mermelada de fresa, las preferidas de mamá. Se lleva las tostadas en una bandeja, con un vaso de leche fría y una servilleta. El zumo de pera sigue ahí pero no se ha dado cuenta.

Mi madre es adúltera y una puta. Nunca lo hubiese imaginado. Mi cabeza está hecha un lío. Mejor estaría en el cole, pienso. Sigo muy nerviosa y pienso en mi madre que ahora me da asco. He de tranquilizarme, tengo catorce años y ya soy mayor. Sigo sin saber qué hacer. Pienso en mi padre, pienso que no se merece esto. Mi madre era mi mejor amiga pero ahora ya no, la detesto, me da asco. Está comiendo su merienda como si estuviese en un hotel, con servicio de habitaciones y con un hombre que no es mi padre. Que puta vuelvo a pensar. Creo que saldré y les montaré un pollo, les diré cuatro cosas y se lo contaré todo a papá, se separarán y me iré a vivir con él.

Ya lo he decidido, voy a salir y les montaré el pollo. Sigo nerviosa pero nunca he sido cobarde. Necesito dos minutos para relajarme.

Ya han pasado los dos minutos, respiro hondamente y salgo del lavadero. Ya estoy preparada para la escena, sé lo que hay. Me siento fuerte. Cruzo la cocina, encaro el pasillo. Sé que es el momento más importante de mi vida. Faltan diez segundos para que insulte a mi madre, la llamaré puta y zorra. Estoy delante de la puerta, respiro de nuevo y la abro. Allí están: abrazados, desnudos, besándose... mi padre y aquel hombre .