Llueve otra vez y Dickinson entra en la tienda. El dueño está atendiendo a numerosos clientes y se entretiene mirando la cantidad de animales que, muy ordenados por especies, se ofrecen. El dueño ya lo ha visto, le sonríe amablemente, se le acerca... " en diez minutos estoy con usted".
Tortugas, conejos,erizos terrestres, sapos marinos, chinchillas, perros, gatos, peces,cobayas y hamsters, sobretodo muchos hamsters. Una abuela sale de la tienda con un conejo blanco, unas niñas con dos tortugas, una mujer con un loro, una familia entera con un setter irlandés bebé. Es sábado y las familias aprovechan para comprar animales, la tienda ya se está quedando vacía y Dickinson se seca el sudor con su pañuelo de armani, hoy lleva dos pañuelos.
Su turno llega, ya sólo falta que un niño de unos trece años se decida por un hamster. Las explicaciones del dueño, que atiende a los clientes dedicándoles todo el tiempo del mundo con un sinfín de explicaciones, enloquecen a Dickinson. Hace ya quince minutos que está en la tienda de animalitos. El dueño sigue contándole al niño que los hamsters chinos son más pequeños que el hamster común y que las crías a las cuatro semanas de nacer ya son sexualmente maduras. Dickinson presta atención. El dueño sigue con lo suyo, contándole al niño que el hamster chino tiene unas seis camadas al año ya que procede de Mongolia y está acostumbrado a una pausa invernal en su ciclo reproductivo. "Hace mucho frío en China y Mongolia" le dice. También le previene que alos cinco meses las hembras se vuelven verdaderamente agresivas respecto a los machos mutilándoles las colas y los órganos genitales. Dickinson se estremece al oir ésto.
Finalmente el niño de trece años se decide por el hamster chino y compra, también, una jaula con comederos de porcelana y todo tipo de juegos y norias para su nueva mascota, así como un saquito de pienso seco compuesto elaborado especialmente para este tipo de hamster. Paga y se va.
Dickinson y el dueño se acercan al mostrador. El financiero le entrega el papel que hace un rató le dió Sir Leonard. Comprueba la veracidad del mismo introduciendo una clave en su ordenador. Afortunadamente todo está bien y le entrega a Dickinson otro papel con las dos contraseñas. También le hace rellenar una ficha con domicilio de entrega y le da una invitación personal; el dinero, en efectivo, lo depositará en el buzón que verá en la sala. Le indica una puerta y Dickinson, sin perder más tiempo, va hacia ella.